lunes, 3 de noviembre de 2008

Bicis

Mi viejo siempre fue fanático de las bicicletas. Cuando era muy chiquito recuerdo que me llevó una noche al Luna Park a ver un evento que se solía realizar en Buenos Aires que se llamaba los “6 días en bicicleta”. Otros domingos hemos ido a ver alguna carrera en el velódromo que había en Buenos Aires y que luego con la mudanza del circuito KDT desapareció. Me acuerdo como si fuera hoy que en la puerta del velódromo había una escultura que a mis 6 años me parecía increíble y siempre me quedaba unos cuántos minutos mirándola.

Ya de más grande los paseos a Palermo en bicicleta con mi viejo y mi hermana eran la salida obligada del domingo por la mañana. Agarrábamos nuestras bicicletas plegables y al baúl del falcon, de ahí derechito para el parque que está frente a ATC donde dábamos vueltas y vueltas a la pileta y veíamos de paso a los que usaban las verdes aguas para probar sus barcos a escala.

Recuerdo como el día de hoy mi mayor accidente “bicicleteril”. Estábamos jugando con mi hermana a subir y bajar del puente que cruza Figueroa Alcorta frente a la facultad de derecho. En una de las miles de subidas y bajadas, iba con mi super bici verde plegable y pisé de costado con la rueda una piedrita. El manubrio empezó a oscilar rítmicamente de izquierda a derecha, primero en movimientos pequeños, en breves segundos esos movimientos se hacían más y más oscilantes. Mi viejo, como eterno observador de las peripecias de los bólidos de dos ruedas, empezó a correr hacia mí al gritó de “agarrá fuerte el manubrio”. No llegó a dar 4 o 5 pasos que el manubrio terminó de girar bloqueando las ruedas. Lo que sigue quizás esté agrandado en mi mente como la mayoría de los recuerdos de nuestra tierna infancia, pero en mi interior estoy convencido que volé por arriba de la bici y sin tiempo de reaccionar caí de narices sobre el rugoso asfalto del puente, arrastrándome unos 10 o 15 metros por el impulso (bueno… quizás fue uno o dos, pero ya avisé que tengo el recuerdo agrandado). De palermo a caballito tirado en el asiento de atrás del auto lamentando mi maltrecho estado.

Como muchos sabrán, a la ciudad de Miramar se la conoce como la ciudad de las bicicletas. El próximo fin de semana, gracias a un regalo que un cliente le dio a mi chica (¿?) me voy a pasar dos días a un SPA en dicha ciudad con todo pago.

2 comentarios:

Amanda Gris dijo...

te llevas la bici amigo? ;-)

Que linda historia! me gustan esos recuerdos de infancia.

Lo mio es mas estúpido de lo que puedas imaginar...
Bici?
si creo q anduve hasta los 10 u 11 años.
Después nunca mas.

Pero tu amiga Amanda, tan intrépida, se la quiso jugar y el año pasado en febrero, se alquiló una bici para hacer la ruta de la muerte en Bolivia... hay q ser imbécil!

A gatas podía hacer equilibrio, en caminos de cornisas, de ripio y con 1000 metros de altura de precipicios!
Como si fuera poco, me da vergünza decirlo, pero... sufro de vértigoooo...!! ves a lo que me refiero???

Calculá lo que fue hacer esa ruta del demonio!!
Es la mas peligrosa del mundo (una de las)y yo en bici, sin saber andar, corta de vista con gafas q se empañaban cuando cruzaba las nubes, lloviendo, piso resbaladizo y encima en las alturas...

Bueh, ni te cuento que los camiones son un peligro... cada vez q veía uno, cerraba los ojos por si me pegaba un hostiazo .. jajaja

La segunda vez, fue ese mismo año, pero en noviembre. También, envalentonada por hacer la ruta del vino en Mendoza, (con mi chico (?? jajaj)me clavé 40 kms en bicicleta en caminos de subidas, bajadas y con el asiento destrozaorto de mi bici alquilada!!!! fue la muerte...

Una idiota definitivamente, pero eso si... con unos cojones de acero!

;-)

Juanitina dijo...

Pero que ort! Vos y tu chica!
Queremos actualizacion de la novela.
Slds.